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jueves, 22 de mayo de 2008

Acción contra las bombas de rácimo en Madrid

Os adjunto el artículo publicado en "elmundo.es" hoy sobre la ocupación para parte de militantes de Greenpeace, de la sede de una empresa que fabrica bombas de racimo.

"MADRID.- Una treintena de activistas de Greenpeace ha asaltado las oficinas en Madrid de la empresa Expal, fabricante de armamento de guerra y de bombas racimo.
El asalto se ha producido antes de las 10.00 en la zona de los recintos feriales de Ifema, en la capital. Los activistas de la organización ecologista han desplegado una gran pancarta para protestar contra la producción y comercialización de las bombas de racimo.
Tres escaladores de la organización han desplegado en la fachada de la empresa una pancarta gigante con la imagen de un niño mutilado por las bombas de racimo donde se puede leer 'Expal fabrica bombas de racimo que mutilan'.
Otro grupo de activistas ha llenado el vestíbulo del edificio, ubicado en el Campo de las Naciones, con imitaciones de prótesis y siluetas de personas amputadas.
Algunos miembros de Greenpeace han llegado hasta la quinta planta, donde se encuentran la polémica empresa. Una decena de policías se han para parapetado en el vestíbulo del edificio para impedir la entrada de cualquier persona ajena a las empresas que ocupan el inmueble.
Los miembros de Greenpeace entregarán a los máximos responsables de Expal una copia de una prótesis y un vídeo con el testimonio de un joven camboyano mutilado por este tipo de armamento que se dirige directamente a los fabricantes españoles: "Gracias por escucharme. Espero que dejéis de usar y fabricar bombas de racimo. Quiero enseñaros personalmente el resultado de vuestros productos. Por ello, me gustaría ofreceros esto como símbolo de vuestras acciones, como símbolo de lo que producís y como símbolo del efecto que tenéis en el mundo. Gracias".
Este camboyano de 18 años, Sot, se quita las prótesis que lleva en los brazos mientras habla a los fabricantes.
Miembros de la empresa de armamento han agredido a los fotógrafos que estaban siguiendo el asalto de los activistas de la organización ecologista. A uno de ellos le han agarrado por el cuello y le han roto la cámara.
Una empresa de explosivos en la quinta planta
La organización ha aprovechado la celebración de una conferencia internacional, que está teniendo lugar Dublín, para entrar en una de las fábricas de explosivos más importantes de España: Explosivos Alaveses Sociedad Anónima (EXPAL).
En Dublín, más de 100 gobiernos participan en las negociaciones de un tratado que prohiba la fabricación, la venta y el uso de estas armas, que siguen latentes tiempo después del final de un conflicto, atacando a civiles y violando el derecho internacional.
Expal recibió en julio de 2006 un contrato de mantenimiento de las bombas BME-330, construidas por esta empresa desde los años 80.
Expal comparte mercado con Instalaza, dedicada a la fabricación de MAT-120, una granada de mortero con submuniciones. El Ejército español tiene en su arsenal bombas españolas y un modelo estadounidense.
Mabel González, responsable de la campaña de desarme de Greenpeace, ha intentado reunirse con los directivos de la empresa, pero no han aceptado. Los activistas que accedieron a la quinta planta han declarado que los trabajadores de Expal negaban constantemente que su empresa fabricara bombas de racimo.
Sin embargo, el Ministerio de Interior y el de Exteriores confirmaron a Greenpeace la actividad de esta empresa.
"No se van a reunir con nosotros. No quieren escucharnos. Ya lo habíamos intentado antes con el mismo éxito", ha explicado González.
Mientras se producía el encontronazo en la quinta planta, cinco furgones y cuatro coches de la policía han llegado al edificio para obligar a los activistas a abandonar las instalaciones. Los bomberos trabajan para descolgar a los tres escaladores que permanecen en la azotea del edificio custodiando la pancarta.
El hermetismo que rodea a la empresa ha sido violado hoy con la intromisión de Greenpeace. Dos jóvenes que trabajan en una de las diez empresas con las que comparte Expal edificio han asegurado sorprendidas: "No sabíamos nada. Nunca imaginamos que la última planta fuera las oficinas de una empresa de explosivos"."